Aunque en la caza puede haber siniestros todos los días, la tasa de mortalidad no es de las más altas si se compara con otros deportes parecidos, pero un accidente grave afecta, además de la víctima principal, a la otra, que suele ser al que se le escapó el tiro por las consecuencias psicológicas y económicas que la acción fortuita genera.
Aunque en el reglamento de la caza manda, por ejemplo, no disparar en dirección a los caminos públicos, carreteras o núcleos poblados, la proliferación de fenómenos como el senderismo está añadiendo más elementos de riesgo para esta actividad. Esto conlleva que el cazador deba estar en alerta ante posibles imprevistos.
Con estas premisas de lo que no cabe duda, es que la actividad de la caza es un ejercicio que conlleva un riesgo por lo que la normativa actual exige, para su práctica, la suscripción de un seguro obligatorio.
Las aseguradoras no suelen ofrecer sólo este seguro obligatorio, sino que recomiendan una ampliación con un seguro de responsabilidad civil voluntario, incluyendo la cobertura sobre daños materiales que se puedan producir y una protección jurídica por si fuera necesaria la intervención de un letrado.
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Estar asegurado para la práctica de la caza no solo requiere suscribir el seguro obligatorio, sino que es recomendable ampliar las coberturas contratadas para una mayor seguridad y tranquilidad.
Federico Martínez de la Puente. Abogado Seguros CEA














